Curiosamente Transformadora (La tristeza)
Es curioso cómo la tristeza puede ser transformadora. No siempre la tristeza es algo negativo. Aunque sea difícil transitarla, puede ayudarte a transformarte profundamente.
El dolor es un sentimiento profundo que, muchas veces, quisieras no tener que enfrentar. Si pudieras decir, como Jesús: “Padre, pasa de mí esta copa”, y que realmente pudiera pasar, probablemente esa sería la mejor opción.
Sin embargo, hay copas que pueden tardar años en pasar.
Son años que puedes pasar, metafóricamente, en un desierto. Con mucha sed: sed de amor, de bienestar, de salud, de seguridad, de tranquilidad y de tantas otras cosas.
Y también con mucha ilusión.
Esos días en los que crees que finalmente has llegado a un oasis. Que quizá ya terminó el desierto. Que finalmente llegaron la paz, la abundancia y la tranquilidad que tanto esperabas.
Y entonces descubres que todavía hay camino por recorrer.
Pruebas y pruebas y pruebas.
Pero al final, lo que quiero decir es que, en medio de la tristeza, extrañamente también puedes encontrar inspiración.
Y aquí viene la parte personal de este escrito.
Llevo muchos años atravesando una especie de sequía interior. Y, extrañamente, dentro de ella encuentro un impulso que me hace seguir adelante a pesar de todo.
Día a día nacen en mí las ganas de amar, de hacer cosas buenas, de servir, de crecer.
Y, si te digo la verdad, no sé de dónde surge toda esta resiliencia.
No sé de dónde saco las fuerzas para seguir creyendo, para seguir intentando, para seguir imaginando que todavía puede haber algo diferente.
Pero quizá esa misma fuerza sea parte de mi transformación como persona.
Y bueno, dejando hasta ahí la parte personal…
Hay personas que, aun llevando dolores fuertes e incrustados en lo más profundo de su corazón y de su alma, siguen regalando sonrisas.
Regalan vida.
Regalan esperanza.
¿De dónde sacan las fuerzas? ¿De dónde sacan las agallas para seguir dando cuando quizá ellas mismas están necesitadas de recibir?
Quizá, algunas veces, las sacan del mismo dolor.
Quizá el dolor no siempre nos convierte en personas más fuertes. Quizá simplemente nos obliga a conocernos de una manera que nunca habríamos conocido de otra forma.
Y quizá, en ese proceso, sin darnos cuenta, nos convertimos en maestros de nuestra propia vida.
Tal vez la tristeza no siempre viene para destruirnos.
A veces viene para mostrarnos que, incluso en medio del desierto, todavía hay algo dentro de nosotros que tiene sed de vida.

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